1. Los cuantores de la sexuación
Según ha propuesto Lacan en su escrito El Atolondradicho, sólo hay dos suplencias a la “no relación sexual”, que se expresan en los cuantores lógicos de la sexuación donde el sujeto se inscribe, como hombre o como mujer, respecto de la función fálica.

La primera fórmula se lee del siguiente modo: “para todo x se cumple la función
” y “existe uno para el que no rige
”.[1] La segunda indica: “no existe uno que diga no a la función fálica” y “no todo x cumple la función
”.[2]
La primera fórmula sintetiza la función fálica correspondiente a la sexuación masculina: la excepción -en sentido matemático-, se articula al universal y le funciona como límite.[3] La excepción conjugada con el universal significa que la excepción sostiene al universal; es decir, “la excepción confirma la regla”.[4]
En la segunda fórmula, cuando el primer cuantor,
se articula al no todo,
, adviene un goce “promesa de delicias”; sin embargo, cuando no se articula, el efecto es la construcción de un universal propio de la psicosis. En efecto, el primer cuantor sin articulación con el no todo, supone la inscripción de una “función hiperbólica de la psicosis de Schreber”.[5]
Asimismo, Lacan reserva la palabra “confín” para la potencia lógica del no todo, que permite habitarse con el receso de ese goce que la feminidad sustrae;[6] mientras que la otra manera de funcionar de
,produce un despliegue del goce en términos de efecto de empuje-a-la-mujer.[7]
2. Un efecto sardónico y La mujer
Lacan destaca un efecto sardónico del empuje-a-la-mujer.[8] La risa denominada sardónica, proviene de la planta venenosa nombrada, precisamente, sardonia o hierba de fuego, cuya intoxicación produce una mueca de contracción de la lengua y la boca al morir, como si fuera una risa. La feminización forzada del empuje-a-la-mujer se parece al goce femenino, como una mueca sardónica a la sonrisa. El envenenamiento de la sardonia emula el empuje-a-la-mujer, en tanto feminización en lo real del cuerpo, con o sin consentimiento del sujeto.
Lo femenino no es la excepción a la función fálica universal, pues implica una lógica de conjunto abierto. Por definición, el goce suplementario de una mujer en el “confín” no es equivalente al goce ilimitado del empuje-a-la-mujer, frecuentemente forzado por las alucinaciones verbales propias de la psicosis; aunque, en la actualidad y al mismo tiempo, el empuje forclusivo a realizar la existencia de La mujer se produce bajo modalidades de neodesencadenamiento.[9]
Precisamente, La mujer se aviene a encarnar la figura del primer cuantor
cuando no hay articulación al no todo. Por lo tanto, “La mujer no existe” es el correlato de la excepción paterna en el lado hombre y “La mujer existe” es el correlato de la forclusión de la excepción paterna y el efecto de empuje-a-la-mujer. Sin embargo, la forclusión del Nombre del padre tiene como contrapartida la inclusión del significante de La mujer; es decir, con el efecto de significación femenina se fabrica el sustituto del Nombre del padre.[10] Por esto, al no disponer del significante fálico, “ser la mujer de Dios” fue la solución alcanzada por Schreber mediante la metáfora delirante.[11]
3. Empuje-a-la-mujer e identidad sexual
El proceso del empuje-a-la-mujer puede darse en una mujer o un hombre (desde el punto de vista biológico); aunque, no se ubica estrictamente ni como hombre ni como mujer en los cuantores de la sexuación. La transexualidad en sí, no es un proceso de feminización forzada; aunque existan casos de empuje-a-la-mujer que ocupan la totalidad del cuadro transexual.[12] Sin embargo, el empuje-a-la-mujer no siempre implica una figura del goce desregulado y desexualizado, pues, a menudo, contribuye en un mismo movimiento, a la contención y protección del mismo.[13]
¿Puede el empuje-a-la-mujer ser una solución a la búsqueda de la identidad sexual? Esta pregunta tiene una respuesta positiva cuando se arma clínicamente un anudamiento a partir de un sinthome; sin embargo, siendo un forzamiento de carácter hiperbólico, el empuje-a-la-mujer (en varones y mujeres) resulta frecuentemente frágil y temporal, y, por ende, no constituye una identidad sostenible en el tiempo. Si bien, existen transexuales que acceden a una estabilidad frente al problema de la sexuación, en casos graves, el forzamiento a la feminidad psicótica puede arrastrar al sujeto a la prostitución excesiva y peligrosa por el empuje ilimitado y fuera de discurso.[14]
4. Feminidad y sexuación en la psicosis
La posición femenina no se opone al goce fálico; se ubica entre el centro y la ausencia del goce fálico, que remite a la dimensión dual del goce de la mujer como no toda.[15] Lacan lo condensa en el neologismo gozoausencia:entre el centro de la función fálica y una ausencia que participa de un goce vinculado a lo femenino del que no sabe nada.[16]
Lo femenino no es un género; tampoco es referido únicamente a las mujeres y la histeria. En su célebre obra, Kierkegaard deja entrever alguna dimensión del goce femenino cuando pretende acceder a la mujer, renunciando al amor. También en San Juan de la Cruz se vislumbra la experimentación de un goce femenino a través de sus textos, pues: “ser macho no lo obliga a colocarse del lado
”.[17]
El empuje-a-la-mujer no es equivalente a la metáfora delirante; y en las fórmulas de la sexuación, se distingue del universal fálico-simbólico de la neurosis y de la feminidad en tanto serie infinita sin universal. Sin embargo, el empuje-a-la-mujer es mencionado como un elemento de los cuantores lógicos y se convierte en una alternativa teórica en el dominio de la psicosis.[18] En efecto, se trata del primer cuantor de la segunda fórmula,
, que, en lugar de articularse al no todo,
,gira hacia el universal negativo en dirección al cuantor
de la primera fórmula.
NOTAS
- Lacan, Jacques. “El atolondradicho”. Otros Escritos. Bs. As. 2012.Pág. 482
- Ídem, pág. 489
- Ídem, pág. 482
- Lacan, Jacques. …o peor. Bs. As. 2012.Pág. 105
- Lacan, Jacques. “El atolondradicho”. Otros Escritos. Bs. As. 2012.Pág. 490
- Ídem
- Ídem
- Ídem
- Miller J. Alain. y otros. Las psicosis ordinarias. Ed. Paidós. 2003. Pág. 43
- Miller, J. Alain. Del síntoma al fantasma. Y retorno. Ed. Paidós. 2003. Pág 372
- Lacan, Jacques. Las psicosis. Ed. Paidós. Bs. As. 2004. Pág. 113
- Maleval, Claude. La forclusión del Nombre del Padre. Ed. Paidós. 2003. Pág. 299
- Ídem, pág. 301
- Morel, Geneviève. Ambigüedades sexuales. Ed. Manantial. Bs. As. 2012. Pág. 261
- Lacan, Jacques. …o peor. Ed. Paidós. Bs. As. 2012. Pág. 118
- Ídem, pág. 119
- Lacan, Jacques. Aún. Ed. Paidós. Bs. As. 1992. Pág. 92
- Morel, Geneviève. Ambigüedades sexuales. Ed. Manantial. Bs. As. 2012. Pág. 225
